El 31 de diciembre de 2019 saltaban las alarmas en China: se registraron 27 casos de neumonía por causas desconocidas, con inicio de los síntomas el día 8 de ese mismo mes. Entre ellos, se encontraban siete casos graves. Los enfermos tenían una característica común: habían estado expuestos en el mercado de marisco y animales vivos en la ciudad de Wuhan.
Pocos días más tarde, el 7 de enero, las autoridades chinas identificaron el nuevo virus, procedente de la familia de los coronavirus y que ha sido denominado SARS-CoV-2. La secuencia genética fue compartida por las autoridades chinas el 12 de enero.
La OMS declaró el nuevo brote de coronavirus como una pandemia el 11 de marzo. El director general de la organización reconoció en una rueda de prensa que estaban muy preocupados «por los alarmantes niveles de propagación y gravedad, y por los alarmantes niveles de inacción”. Además, alertó que el virus ya estaba extendido en muchos países y la mayor parte de la población mundial ya estaba en aquel momento potencialmente expuesta a él.



